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Mascarillas deportivas.

Este tipo de mascarillas no suelen estar homologadas y no se consideran un EPI dado que su función es la de mejorar el confort y hasta cierto punto la seguridad durante la práctica deportiva y no el ser usadas como equipo de protección individual, no son en ningún caso material sanitario. Uno de sus usos más comunes es la de filtrar polen o partículas provenientes de la contaminación ambiental (humo de los coches, etc.), por lo que se enfocan a personas que practican deportes al aire libre como ciclismo o running en ambientes como pudiera ser el de una gran ciudad. Aunque existen gran variedad de modelos, son interesantes las opciones que disponen de filtros de carbón que si bien es preciso recalcar que no son lo mismo que una FPP2 o FPP3, sí pueden ofrecer unas prestaciones similares. Estas máscaras suelen confeccionarse a partir de una base textil, que si bien no ofrece ejerce ningún filtrado sirve como soporte del filtro desechable. Si además disponen de válvulas de exhalación, facilitan la respiración del usuario mientras realiza actividad física y evita la retención de CO2 de su respiración así como de la humedad, lo último aumenta considerablemente la vida útil del filtro. Si bien insistimos una vez más en que no se pueden considerar un EPI, si son una opción muy interesante tanto por sus prestaciones, versatilidad y precio, pues solamente deberemos desechar los filtros pero no la máscara en sí, la cual podremos lavar según las instrucciones de cada fabricante. Aunque no son lo mismo, a efectos prácticos por prestaciones y modo de uso, es parecido a una FPP2 con válvula de exhalación, pero con el añadido de un mayor confort que permite llevarlas con comodidad durante largos períodos de tiempo, característica muy interesante si por ejemplo tenemos planteado añadirla en nuestra mochila de 72 horas.

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